Entradas

💡RECIENTE💡

Carta en verso de anécdotas

  Fui a votar por un polĂ­tico, y te vi dando la vuelta por la esquina. Te llamĂ©, cĂłmo no, negrito. Mi morenito, te mentĂ­a. Compañía te hice, en tu voto. Llevabas ambos "DNI" en la mochila; porque uno se vencĂ­a, y habĂ­as perdido el otro. Ay, apresurĂ© al de la mesa y dejaste firma. A la vuelta almorzamos juntos, cuĂĄnto me confortĂł tu compañía. TĂș votaste, con "DNI" trucho; yo escuchĂ© un comprensivo consejo en tensos dĂ­as. No sĂ© si te acuerdas de esa vuelta, con "Juampi" y los chicos, al mediodĂ­a. Regresando de entrenar, nuestra estrategia; al peso del bolso con el equipo, lo compartĂ­as. Un compañero bromeĂł, que Ă©ramos pareja. Que yo nunca te mirarĂ­a, tu respuesta. Y ahora me causa risa, esta dulce tragedia. Éste era un secreto, lo anuncio antes de que muera. Me gustas, negrito, asĂ­ de colega. Me gusta de tu voz la melodĂ­a, y que no finges ser fuert

SENRYĆȘ

Ramas desnudas un solito hornero te picotea

Poema del tĂ­mido, a una flor

Te veo siempre con los ojos; ay, me gustaría no solo mirarte; y del rocío brillante que te toca, ser los cielos que impregnen el despojo de tus colores amantes de la caoba. Te pienso siempre con el alma; ay, me gustaría no solo atesorarte; y del viajante viento que te sopla, ser la frescura de las brisas claras que perfumas con tus pétalos de rosa. Te imagino siempre con la dicha; ay, me gustaría no solo enamorarme; y del arte natural que tallan tus hojas, ser la verde esperanza de tus pupilas que destilan de los lagrimales tus espinas hermosas. Te siento siempre parte de mí; ay, me gustaría no solo soñarte; y de la suave tierra que te aprisiona, cerca de ti ser otro arraigo, para enredar por fin en tus raíces, mis cobardes manos.

Carta en verso "Cuéntame"

 CuĂ©ntame cĂłmo conociste a mamĂĄ. QuĂ© tan bonita era, y cĂłmo hiciste para borrar su faz de tu cabeza. La gente se enternece al verme,  no les entiendo. Creo que se desprende de mĂ­ de mis modos y cabellos, su gracia de querubĂ­n solemne. VerĂ© si me consuelo, en el aliento, de que algĂșn dĂ­a la encuentre; ya sea en la tierra, entre recuerdos, o bien, en las nubes de mi corazĂłn estando como en el cielo Agraciada la historia que me cuentes que es a mi alma, y a la hoja de mi memoria, un marcador permanente, pintando cascabeles y flores en un sueño realizado, haciĂ©ndole ruidoso eco a los monstruos de mis temores. CuĂ©ntame cĂłmo la olvidĂ©, entre derrumbes de años. CĂłmo me deshice del ayer, y de los escombros simulĂ© su regazo ¡CĂłmo regreso! Sin irme del aquĂ­ al pasado. CuĂ©ntame cĂłmo la conociste, porque omitiste que quizĂĄ; yo nunca jamĂĄs, ¡jamĂĄs!, la recordarĂ­a.

Poema al señorito ya mayor

 Si valiera una moneda de cobre, si tan sĂłlo comprarla se pudiera; pobre del que quiera, ¡ay! costearse la alegrĂ­a, regatearla entre mediocres cuentas, y en el correo dejar el sobre. Pues, ¿quĂ© precio tiene el oro? ¿QuĂ© tan glorioso el que paga montones? PagarĂĄn con sus colores, pagarĂĄn con sus tonos; no pagues tĂș, no deshonres, ¡ay!, tu hermoso Ăłleo del ozono. Evocas al dulzor tenue, difundes el aroma del oporto, ¡mozo dador de risas cĂ©lebres! ¿CĂłmo no cosechas aĂșn tu propio viñedo en el otoño? LloverĂĄ en tu alma, lloverĂĄ hasta tus veintiocho; ¡pero!, veo una luz en tus ojos, reencuentra la esperanza, y abrĂĄzala, entre pĂĄrrafos dichosos. MĂĄs buenos si envejecen, ¡bendecidos sean!, los libros, el vino, y los años de Orozco. Mejor costearte una alegrĂ­a, y dejando de estar sobrio, ¡regĂĄlate!, por mĂ­, una bella sonrisa tropical. A Yeifer ¡Feliz Cumpleaños! 24/03/2021

SENRYĆȘ

  AllĂĄ en los mares un barco a la deriva sigue tus ojos

Poema a su sirena del dolor

Mi musa tiene nombre y apellido; surcando los mares se la oye, entre la serenidad del crujido de olas flotando su navĂ­o con la guĂ­a de una estrella flamante. Divina flor que desconoce los cantares, ella exhorta a las voces; son voces frĂĄgiles, nacidas del barroco, de un ocĂ©ano invicto de aires melancĂłlicos; el azul oscuro las reluce en destellos y las presume en el reflejo de las estelas graduales. Las burbujas saben de ellas, hermanas se llaman entre sĂ­ como sinuoso al perfume, y se reconocen en las playas de la tierra como al carbĂłn pariendo diamante. Le brillan los iris de sus ojos, y la seda de sus labios ruge alegrĂ­as de ensoñaciĂłn constante. Musa de apariencia frĂ­gida, mirando al cielo te conviertes en la pintura de los cielos y mares de mi alcoba. Musa, que eres mĂ­a e invisible a los pedestales de gentes caĂłticas. Que nunca te conocen, y tĂș traduces lo que me inspiras en el arte de mis frĂĄgiles manos. Musa divina e intachable, ¡pensada! para tu poeta descarado dame un soplo de t

Poema a su ensombrecido corazĂłn

  Un silencio mortal inundaba, la oscuridad en las paredes del corazĂłn; y en sus lĂĄgrimas unos ojos muertos, dolorosos, derramaban una triste canciĂłn. Le rogĂł al viento palabras, flechazos al aire con su ton y son, y mordiĂ©ndose el amor se guardĂł la esperanza, a un castillo lejano la confinĂł. EstĂĄs aquĂ­ en este oscuro cuarto, tan lejano como la luz del sol; rompĂ­ puertas y colmillos para el paso abrir, como no escuchĂ© el canto, al ir por el sendero de tu mĂșsica, le pedĂ­ a la musa del milagro, un corazĂłn para ti. LeĂ­ que te ibas, leĂ­ que ya estabas; al lado de la cama, lista para sellar el sueño y firmar una postal, en tinta azul, asĂ­ que vine, ¡por fin! y te dije que, querida, estoy aquĂ­. SalĂ­ del libro, de las pĂĄginas me fui; soy el hĂ©roe bendito, y querĂ­a, conocer a la autora que hizo de mĂ­. Y bendita, la autora, lo sean su vida y escritos. Imaginando, se salvĂł por poco, del desespero infinito.

Poema descorazonador

  Te sonrojaste, muchacha, adulada por un lisonjero; y lleno de esperanza, hechizado fue por un "te quiero". CreyĂł escribir en tu cuaderno, creyĂł ser dueño de tinta y pluma; te sonrojaste, muchacha, y de una flor sin pĂșas, llamada Lisonja, cortaste el tallo al medio. Se portĂł traviesa, lo tratĂł como quien va y antoja; la mĂĄscara que aquel besa, simplona es como armadura, de taimada portadora de orejas y cola. ¡Ay! No le arranques los sueños, no le arranques la fortuna; ¡te sonrojaste una vez!, muchacha, y se derritiĂł aquel como espuma. ¡Pues! QuĂ­tale todo, muchacha, la fortuna y la lisonja; que aprenda a no embelesarse Ă©l, con coqueta astucia.

SENRYĆ«

 En primavera a grises melodĂ­as era tu siervo